#1 Celtic Blood

Hola querid@ lector@.

Soy Brianna y vengo a mostrarte algo nuevo en Story Col.

O, mejor dicho, alguien.

Se trata de dos… personajillos que andan picando porque les dejemos un hueco en ésta, nuestra humilde morada, aunque ellos ya tienen la suya propia, pero como son tan acaparadores [y encantadores] pues… ya sabéis, la presión hace la fuerza y nosotras nos dejamos hacer.

Ellos son Caell McLeod y Damon O’Lubnaig, dos vampiros guapos y de carácter, cuya historia es un tanto particular, llena de enfrentamientos y fuego. Quizá te resulte tan adictiva como a nosotras, por eso hemos considerado cederles su espacio aquí cada viernes y con ello desearte que pases un feliz fin de semana.

Bienvenid@, querid@ lector@, a…Celtic Blood.

Vamos, chicos, mostraros.

Brianna W.

♠ ♠ ♠

Buenas gente. Lo cierto es que los viernes a estas horas estamos normalmente durmiendo; ya sabes, el sol nos hace polvo ←chiste ¬¬ , pero intentaremos acudir puntuales a la cita, Caell o yo.

Para quienes no lo sepáis, Celtic Blood es un relato roleado, M/M (lo que implica relaciones chicoxchico), con contenido explícito sexual y violento, por todo ello [+18]. Los niños pequeños o la gente susceptible, a leer Mortadelo y Filemón (recomendadísimos).

Sin más, os dejamos la primera escena de Celtic Blood.

D.

[Damon]

Enciendo el cigarro que acabo de liar y chupo fuerte, observando el fulgor de la punta en la oscuridad. Una comisura de mis labios se alza en un gesto sarcástico, apenas perceptible, cuando pienso en el peculiar placer que me provoca liar el tabaco que fumo en lugar de comprarlo ya preparado. Es un sencillo ritual que me devuelve a tiempos… pasados… Un pequeño capricho que me permito en esta fría noche de enero.

Frunzo el ceño levemente y miro el reloj, contrariado. Llega tarde.

Vuelvo a llevar el liado a mi boca y aspiro con fuerza, y estoy jodidamente seguro de que, si cerrara los ojos, sentiría el aire de las montañas salvajes en mi cara, a pesar de estar plantado en esta jungla de asfalto.

Nací en aquella tierra hace demasiado tiempo. Tanto, que ya nadie recuerda mi nombre. Crecí haciendo travesuras y empuñé pronto una espada, como el resto de chicos. Si no había una guerra entre clanes, se buscaba. Cualquier cosa valía: el robo de una oveja o de la virginidad de una joven del clan vecino, a pesar de que se hubiera mostrado bien dispuesta. El caso era luchar. Los muchachos se hacían hombres y cogían confianza con las armas. Yo me divertía mucho con aquellas trifulcas, pero las guerras entre nosotros mismos no eran nada con respecto a lo que estaba por llegar.

El Reino de Alba vivió tiempos oscuros cuando sufrió los continuos saqueos e intentos de invasión por parte de los pueblos nórdicos. Los clanes se unieron defender su tierra. Todos luchamos y muchos quedaron en el campo de batalla, pero logramos mantenernos en nuestro sitio. La euforia de la victoria se extendió como la pólvora y reforzó el orgullo de nuestra gente. Sin embargo, un último coletazo por parte de los vikingos lo trajo a él: un hombre rubio y joven, a pesar de que sus ojos hablaban de siglos de vivencias. Y muy fuerte. Demasiado, debí darme cuenta. Pero por aquel entonces yo era una criatura ingenua incapaz de auspiciar que mis tiempos más oscuros estaban por venir.

El cigarro está prácticamente consumido cuando un coche negro de gama alta para frente a mí y me saca de mis recuerdos. Lo apago contra la pared y me dirijo hasta él con paso firme. Abro la puerta trasera y desciende ella, Andrea —o Alexandra, qué más da—, encorsetada en un vestido rojo que no deja nada a la imaginación.

—¡Damon! —ronronea. Le sonrío. Damon no es mi nombre, pero hace tanto tiempo que lo utilizo que respondo a él con naturalidad.

—Hola, preciosa —saludo con un tono grave, ese que sé que les eriza el vello de la nuca, pero no de miedo (aunque debería). Ella confía. Siempre confían en mí. Le cojo de la mano y caminamos juntos hasta el bar, un pequeño pub de barrio donde sirven buena comida y tienen música en directo.

Comienzo a silbar la melodía que llevo todo el día cantando y ella ríe con ganas. Podría someterla con facilidad, sin necesidad de toda la parafernalia, el ritual. Pero estoy de humor. Cena. Sexo.

Y barra libre después para mí.

[Caell]

Observo desde la azotea lo que sucede a mis pies. Sonrío divertido. Hace semanas que no veo a ese pequeño cabrón y, la verdad, me estaba aburriendo. Es curioso, porque realmente lo detesto. Pero, en el fondo, me gusta tenerlo cerca. No soy tan hipócrita como para decirme a mí mismo que es para tenerlo vigilado. Eso puedo hacerlo perfectamente sin tenerlo cerca. Es sólo que… bueno, que me gusta tocarle los cojones. Así de claro.

Me dejo caer. Una de las grandes ventajas de ser vampiro es que puedes volar. Es fantástico, porque te permite una libertad que no tienes de otro modo. Aunque claro, no es algo que puedan hacer todos los vampiros. Unos tienen unas capacidades, otros otras… yo soy de los que pueden volar. Volar y tocar los huevos al personal como nadie.

Llego al suelo en una fracción de segundos. Una cría aparece frente a mí y me mira horrorizada.

— ¡Buh! — Exclamo pegando mi nariz a la suya.

Sale corriendo como si hubiese visto al mismísimo demonio. Vale, quizá lo sea. Lejos queda ya la época en la que era un buen chico. Murió cuando ese cabrón me abandonó.

Detesto los recuerdos. Detesto a ese… ese… bueno, lo detesto sin más.Me acerco al restaurante. Él ha entrado con una morena despampanante. Una de esas bellezas exóticas que tanto nos gustaban cuando éramos humanos. Seguro que cree que esta noche follará con ella. Sonrío y me paso la lengua por los labios. Yo no estaría tan seguro…

Me dirijo al restaurante y me acerco a él. Me siento a horcajadas en una silla frente a ella. La miro en silencio, ignorando a Niall. Ella está asustada y sonrío.

No, esta noche no follará.

Vuelvo la cabeza y lo miro.

— Buenas noches, Niall. ¿Me has echado de menos?

[Damon]

Nadie en todo el mundo sabe mi verdadero nombre. Excepto él. También sabe lo que provoca en mí, lo mucho que me jode. Un estremecimiento me recorre de arriba a abajo, no sé bien si por escuchar esas cinco letras o por verlo de nuevo. Se abren las compuertas y se vierten las imágenes…

— ¡Niall! ¡Niall! —Caell corre con la vitalidad propia de la juventud hacia mí, con su pelo moreno húmedo por la constante llovizna. —Los Mckenzie nos acusan de haberles robado seis vacas. ¡Seis vacas! —ríe, incrédulo—, ¿te lo imaginas?

Yo me río con él por lo estúpido de la acusación, pero cojo mi espada y salgo corriendo tras él, dispuesto a defender el honor de los nuestros.

— ¿Quiénes son los agraviados?

—Ethan, Rob, Jamie, Aidan y yo. Incluso tú, que estabas aquí con los caballos —resopla con una risa.

Los McKenzie buscan pelea y yo correría tras Caell hasta las puertas de los infiernos. La adrenalina de la lucha, la dorada extenuación posterior. Él me siempre me saca de mil embrollos. Y yo lo saco a él. Así funcionan las cosas entre nosotros.

Mientras corremos a toda velocidad hacia la diversión, nuestras manos se rozan y yo no puedo evitar sonreír…

Sacudo levemente la cabeza y me recompongo. Mi máscara de hijo de puta está a su altura. Nos hemos estado encontrando a través del tiempo y del espacio. ¿Qué coño hace aquí esta vez?

—Hola, hermano —saludo con mi voz más neutra y un brillo peligroso en mis ojos. Siento como mi acompañante, de quien me he olvidado por completo durante estos segundos, se remueve incómoda en su sitio. Y tiene razón al hacerlo.

[Caell]

Observo su reacción divertido. Oculto mi diversión bajo una máscara de frialdad y desdén. Alzo una ceja cuando me llama “hermano”. ¿Hermano? Le dedico una media sonrisa muy cínica.

— Hermano… — murmuro. Paso la lengua por el labio inferior y lo miro directamente a los ojos. Su rostro no muestra nada más que un profundo rencor. El mismo que yo siento. — ¿Hermano? — Le dedico la sonrisa más cabrona que soy capaz de componer—. Yo no diría que nuestra relación es precisamente de “hermanos”.— Me vuelvo hacia la mujer y le dedico una sonrisa encantadora. Está nerviosa, juega con la servilleta y mira continuamente a Damon. Miro a mi rival con la maldad reflejada en la mirada y vuelvo a mirarla a ella—: Mi… hermano… es muy pudoroso. En realidad, nuestra relación tiene poco de fraternal. — Me inclino hacia ella con gesto cómplice.— En realidad, es una cuestión de pollas, quién es pasivo, activo… —Hago un gesto desdeñoso con la mano.— Es un poco dominante. Y con las mujeres no se le levanta, aunque ya lo descubrirás por ti misma. —Miro a Damon con el odio reflejado en la mirada. —Y tiende a abandonar a la gente cuando le conviene.

Viene a mí el momento en el que me dio la espalda. Normalmente me niego a recordar. Soy muy hábil controlando los recuerdos. Pero en este momento necesito avivar el odio que siento por él y no quiero enterrar el pasado. No ahora. No aquí. Ya lo haré en otro momento, cuando esté solo, cuando consiga aplastarlo bajo la punta metálica de mi bota.

Siento miedo. Mi cuerpo está sufriendo cambios, siento un hambre atroz y estoy encerrado en una mazmorra. Frente a mí está el vikingo rubio y, a su lado, mirándolo con algo muy parecido a la adoración, está Niall.

—Eres lento— dice el Sire acariciando el sedoso cabello de Niall. Los celos me acometen. Él es mío. No quiero que lo toque, no quiero que se acerque a él.— Tu amigo se convirtió hace horas.

Lo miro sin comprender. Intento incorporarme para atacarlo, pero asesta un golpe en la cabeza con el pie. Estoy débil, así que caigo. Miro suplicante a Niall, pero él no me mira a mí.

—Por favor…

Nadie me escucha, porque no soy capaz de pronunciar las palabras. El vikingo ríe. Se acuclilla a mi lado y me acaricia la frente. Me aparto asqueado.

—Ha sido un error crearte. Tú no me sirves. Tu cuerpo ha pasado horas luchando contra el cambio… —Sacude la cabeza y se incorpora. —Tal vez volvamos a vernos… si sobrevives.

Intento incorporarme, pero no puedo. Tengo miedo, esa es la verdad. Miedo, hambre…

Tiendo la mano hacia Niall, pero él ni siquiera me mira. Trato de llamarlo, pero no puedo hablar. Y de repente, me quedo solo. Solo y con el corazón destrozado.

Mantengo mi mirada en él y tuerzo la boca con desprecio.

« Algún día pagarás lo que me has hecho».

[Damon]

Mantengo la expresión impasible ante la diatriba que acaba de soltar. Me sorprende que… ¿Alexandra? siga sentada a la mesa con nosotros. Muevo la cabeza frustrado. Y cabreado. Otra vez la misma mierda vuelve a caer sobre nosotros.

—Disculpa a… Caell, tiene los modales de un simio salvaje —digo volviéndome a ella, aunque, en realidad, me importa un rábano lo que piense. La pulla va directa a él. — ¿Otra vez con lo mismo, hermanito? —recalco la palabra. —Me cansas… ¿Qué es lo que buscas? —inquiero ya dejando de lado el falso tono. Aunque sé demasiado bien lo que busca.

Lo que buscamos los dos.

[Caell]

Alzo una ceja al escuchar su forma de calificar mis modales y me río. La risa se convierte en una sonrisa cínica cuando marca a mala fe la palabra «hermanito».

— ¿Qué busco? — Abro mucho los ojos, con mi expresión más inocente y componiendo al mismo tiempo una mirada ofendida — ¿Y soy yo el que tiene los modales de un simio salvaje? — Me llevo una mano al pecho en un gesto teatral — Sólo quería saludarte, hermanito — Le doy a la palabra la misma entonación que él le ha dado — Y decirte que he vuelto a Londres. Pensé que te alegrarías.

¿Alegrarse? ¡Ja! Estoy seguro de que no me arranca el corazón porque estamos en un lugar público.

[Damon]

Mi mirada se oscurece al escuchar esas últimas palabras. Londres no es lo suficientemente amplio para darnos cabida a los dos. Sin dejar de mirar a mi hermano a los ojos, hablo con la chica:

—Lo siento mucho, encanto. Pero creo que nuestra noche será otra. Tengo asuntos pendientes que… tratar.

Dejo una generosa propina sobre la mesa y la cojo del brazo, procurando mantener bajo control mi fuerza. La saco delante de mí del pub, y sé que Caell nos sigue.

Me aseguro de que sube a un taxi con el destino que ella prefiera y continuo caminando sin girarme con paso furibundo hasta un callejón oscuro, donde da la puerta de atrás del pub. Cuando sé que la oscuridad nos esconde de miradas indeseadas, desnudo mis colmillos y me vuelvo de repente para enfrentarme a Caell.

— ¿Qué mierda dices? Londres es mía —”No quiero tenerte aquí, tan cerca”. Me tiembla el alma, de pensarlo. Pero él no lo sabrá. —Te dije la última vez que no me buscaras más, te advertí de lo que ocurriría si lo hacías. —Está demasiado cerca. Tiro mano a la daga que llevo escondida, sin sacarla todavía.

[Caell]

Sonrío cuando se deshace de la chica y lo sigo al exterior con las manos en los bolsillos. Camino detrás de él, pero estoy atento a cada uno de sus movimientos. Sé que puede volverse en cualquier momento y atacarme. Por decirlo elegantemente, intuyo que no está demasiado contento con mi presencia. Me lleva hasta el callejón y sonrío pensando en la cantidad de cosas que se pueden hacer en un lugar tan oscuro, pero suspiro con resignación porque sé que no tiene esas intenciones. Y, cuando me enseña sus colmillos y me amenaza, sonrío divertido. Es exactamente lo que quería. Sigo el movimiento de su mano y alzo una ceja. Aparto el abrigo para enseñarle que también voy armado, pero no le muestro mis colmillos y cubro las armas de nuevo con el abrigo.

— Tranquilo, hermanito — de nuevo empleo el tono de voz que ha utilizado él antes al usar la palabra maldita — no voy a discutir contigo por cuestiones territoriales. No estoy aquí por eso.

Me apoyo en la pared y cruzo los brazos sobre el pecho, con gesto relajado. No tengo la más mínima intención de pelear con él ahora y menos cuando tengo una cita tan importante en un par de horas.

— Digamos que es una cuestión de negocios. — Me encojo de hombros con indiferencia — Y, como estaba por la zona, me apeteció pasar a saludar. ¿Qué clase de hermano sería si no te visitase cuando estoy en la ciudad? Puede que tenga los modales de un simio, pero la familia es muy importante para mí.

No puedo evitar el sarcasmo. ¿Familia? ¡Y un cuerno!

[Damon]

Relajo la mano sobre la daga. Aunque me vendría genial una pelea en este momento, parece que la tormenta se aleja.

—Serías un buen hermano —mascullo, recalcando la palabra “buen”. Va armado, como suponía, pero eso no me da miedo. Las armas y la muerte no me dan miedo. —No me busques; no lo hiciste cuando debías, no lo vuelvas a hacer. Y ahora, con tu permiso, me voy a buscar la maldita cena que me has jodido.

Me desmaterializo pensando en la pobre hembra que caiga esta noche en mis garras… Ya no estoy de humor en absoluto…

[Caell]

Lo observo desaparecer. Siempre hace lo mismo: se larga antes de que pueda contestar. Suspiro con resignación. Me habría gustado una buena pelea, pero prometí llegar a tiempo y en buen estado. Una pelea no entraba dentro de mis planes. Y, teniendo en cuenta lo furioso que estaba, sin duda lo demás no era una opción. Chasqueo la lengua con fastidio y luego me río.

¿Que no lo busqué cuando debía? Lo hice, ¡vaya si lo hice! Y fui golpeado, apuñalado y casi quemado por el maldito vikingo con el que estaba el muy cabrón. Cierto, no lo busqué para hacer las paces, sino para matarlo pero, ¿qué importa eso? Al menos lo busqué, que es más de lo que hizo él tras largarse sin mirar atrás.

Abandono el callejón y me alejo de allí silbando una antigua canción escocesa.

Si mi hermanito piensa que no me volverá a encontrar, está muy equivocado. Él representa todo lo que detesto y estoy deseando demostrarle en qué se convierte un vampiro cuando tiene que aprenderlo todo por sí mismo.

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12 comentarios en “#1 Celtic Blood

  1. Juuuuuurrrr, vicio, vicio!!! Gracias por traernos vicio p’al finde, escoceses! Pero Caell, necesitas lavarte la boca con lejía. Mira que puedes soltar tacos en unas pocas frases jajajaja.
    Bienvenidos a Story Col. , os leía en el grupo y ahora retomaré la lectura.
    Thanks!!

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    1. Hola Leila! Muchas gracias, a nosotros nos gusta que te guste 😉 y, sobre todo, que sustituyas la palabra «cabezonería» por «carisma», jaja. Nos hace más guapos. Un beso, preciosa!

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