Una noche en la oficina

Llevaba horas sentada en la silla de la oficina, había perdido la cuenta. Se movió inquieta, alzó el rostro y sus ojos claros se fijaron en la oscuridad que había en el exterior, rota por las miles de luces de la enorme ciudad que se encontraba al otro lado de la ventana. Suspiró. Miró el reloj y una mueca de alarma curvó sus labios al ver que eran cerca de las once de la noche. Por un segundo miró con rabia las cuentas que tenía que cuadrar. Llevaba horas con aquello, tantas que el resto de sus compañeros se habían ido salvo la morena que había llegado nueva hacía apenas una semana y que parecía que llevaba todo aquello mucho mejor que ella.
La miró de reojo, se llamaba Angela y era más o menos de su edad. Ahí terminaban todas las similitudes. Mientras que ella era castaña y bajita, su compañera de trabajo era alta, con tipo de modelo y morena, tanto de pelo como de piel, con los ojos oscuros de gitana y una elegancia innata. No pudo evitar dejar escapar un nuevo suspiro. Ojalá pudiera parecerse más a ella, pero sabía que era imposible.
¿Queréis saber cómo continua? Podéis hacerlo aquí.

 

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