Personajes de novela: el malo.

yO

Hace un par de años, una escritora se acercó a mí con la ilusión de cualquier escritor por ser leído. Me envió sus novelas de forma gratuita, deseando recibir una crítica por mi parte y, a ser posible, una reseña. Bueno, a ser posible no, quería una reseña. Ya sabemos cómo pueden ser algunos escritores con estas cosas.

Yo acepté las novelas y, a cambio, le envié las mías, pero sin esperar reseña porque, la verdad, aunque me hace ilusión, prefiero que las hagan personas que han leído las novelas y realmente las han disfrutado, no promoción obligada.

Reconozco que sentía curiosidad, de hecho, tenía muchísima voluntad de leer. Entonces leía casi todo lo que me enviaban otros escritores para aprender. En el caso de esta escritora, no pude leer nada. Es decir, no me convenció ya desde el primer párrafo, pero cuando cuatro o cinco párrafos más adelante hace acto de presencia el malo con un: «vaya, vaya, mira qué tenemos aquí», para rematar su aparición con un: «¿acaso crees que puedes hacerme daño con eso?», decidí abandonar. Leí medio párrafo más en el que la autora daba a entender que el malo malísimo era muy, muy malo.

La novela era de fantasía, pero a mí si el malo no me pone, no hay nada que hacer. Y ya, si encima es pueril, pues me meo de risa.

No es fácil crear un personaje malvado, porque casi todo el mundo tiende a robarle la humanidad o aquellos rasgos que podrían hacerlo más creíble. Son malos porque al escritor le sale de sus partes y ya está. No explican nada, no muestran nada.

Yago (Otelo, de William Shakespeare), a quien veis en la imagen que encabeza esta entrada encarnado por Kenneth Branagh, hace lo que hace por envidia, porque ha escuchado rumores que vinculan a su esposa con el moro y porque le han robado lo que cree que le pertenece por derecho. Quiere venganza y el puesto que cree que es suyo y no duda a la hora de manipular a los que le rodean. Para hacerlo, necesita una gran inteligencia y, por supuesto, ir por un paso por delante de todos ellos  porque la red que teje alrededor de sus enemigos y de los pobres incautos que se cruzan en su camino, es compleja. Muy compleja. Y a punto está de conseguir lo que quiere, cuando una pieza suelta desbarata sus planes.

A mí Yago  me seduce. Lo adoro, es mi personaje favorito de todos los creados por Shakespeare.

Es humano. Perverso, pero humano.

Un malo que está desvinculado completamente de las emociones humanas no es atractivo. Hacerlo malo sencillamente porque sí es un error. Su perversidad bien puede ser resultado de la educación que ha recibido y cree que todo lo que hace está bien, que no hay errores en su conducta. Pero justifícalo. Dale emociones reales. Es perverso, pero quiere algo, tiene una meta. ¿Matar al protagonista? ¿Por qué? ¿Qué quiere conseguir con eso?

MB

Macbeth (Macbeth, de William Shakespeare) es otro gran ejemplo de seres perversos. Tanto Macbeth como Lady Macbeth son perfidia pura a causa de la ambición desmedida. Pero son humanos, tienen visiones que son el reflejo de su sentimiento de culpa.

Creo que, cuando algunos (muchos) escritores se deciden a escribir su novela, lo hacen sin un guión y sin una ruta establecida. Tienen una idea y la van desarrollando. Que no está mal si tienes la capacidad de hacerlo, pero cuando hay algún personaje complejo, se nota a leguas.

msk

La imagen de este asiático no la he subido porque sí, sino  porque voy a poner un ejemplo más cercano que los dos anteriores. Este actorazo interpreta a un hombre ambicioso que abandonó la fiscalía para casarse con la hija de un hombre rico. Es el malo de la historia. Tiene una relación con una mujer a la que se supone que ama, pero cuando fallece no duda a la hora de suplantarla con otra, a la que amenaza y aterroriza. No se saben sus verdaderas intenciones, ni siquiera se tiene una mínima muestra del alcance de su poder. Es frío, despiadado y un gran maestro de ajedrez que mueve las piezas a su antojo sin pestañear un segundo. Los guionistas han sabido dosificar la información, pero no lo han convertido en un hombre ajeno a los sentimientos. Es humano y lo muestra en pequeños detalles que, teniendo en cuenta su actitud habitual, no te pasan desapercibidos.

Así es como se crea un malo convincente, no con actitudes y frases cliché que harán que el lector se parta de risa, más que  otra cosa.

Humanidad. Rasgos humanos, algo que consiga que el espectador empatice con el personaje, que haga que lo odie o lo ame, o ambas cosas por igual.

Los malos son realmente complicados, así que si crees que no tienes la capacidad de crear uno convincente, modifica tu historia y deshazte de él, porque estropeará tu novela.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s