Faltas de ortografía en la literatura: una llamada de atención.

Los que llevamos unos años por internet sabemos que lidiar con las faltas de ortografía día sí y día también puede provocar estragos. A día de hoy, el denominado «lenguaje sms» es de lo más utilizado entre las nuevas generaciones. Parece ser que abreviar palabras todo lo posible, hasta que carecen de sentido a pesar de que no hay ya el límite de caracteres que había antiguamente con los mensajes de texto —salvo, quizá, en Twitter—, ha provocado que nos acostumbremos a ver textos que en muchas ocasiones ni siquiera el mejor criptógrafo sería capaz de descifrar.

Sin embargo, en esta ocasión, no vamos a hablar sobre lo aberrante que puede resultar a ojos de una puritana del lenguaje esta nueva moda que atenta contra una lengua, la española, que es tan rica en palabras y significados. Sino de otro tema que cada vez se da más y de forma más acuciante. Un tema que a quien escribe estas líneas le sorprende cada vez que se encuentra con un caso nuevo.

Hace unos años era impensable ver una falta de ortografía en un libro. Se decía, y con razón, que la gente que leía tenía muchas menos faltas de ortografía que alguien que no lo hacía. Aunque es cierto que en ocasiones una persona que apenas lee no las tiene y, en el otro lado, una persona a la que le guste leer, sí. Todos hemos escuchado esa máxima que casi como un mantra nos repetían nuestros padres y profesores: lee, mucho, así no tendrás faltas de ortografía.

Así que ver que un libro escrito —o ahora, en esta época tecnológica, un ebook— tiene faltas, al menos a mí, me aterra. He intentado comprender a lo largo de estos años, desde la primera vez que me encontré con una de ellas, la razón por la que esto sucede. Recuerdo que la primera de las veces fue en un libro publicado por una de esas enormes y grandiosas editoriales que todos conocemos. De esas editoriales en las que todo escritor con un mínimo de ambición quisiera publicar. Quizá por eso me sorprendió más. Recuerdo también que fui directa al diccionario, ese maravilloso invento que parece que a muchos se les olvida que existe, para ver si estaba en lo cierto o, por el contrario, era un fallo mío. Soy humana, todos tenemos dudas, para eso mismo tenemos métodos para solucionarlas.

Os podéis imaginar mi cara de sorpresa al darme cuenta de que era una clara falta de ortografía. Me dije entonces que podría haber sido un error tipográfico. A veces ocurre. Todos los cometemos cuando escribimos rápido. Para mi horror, unas páginas más adelante, me volví a encontrar con la misma palabra mal escrita. Por un momento me pregunté si es que me encontraba, sin saberlo, delante de un documento de siglos pasados. Ya sabéis, en esas épocas donde en un mismo documento te podías encontrar la misma palabra con v o con b, con h o sin h, sin ningún tipo de pudor.

No lo estaba, por supuesto. Era un texto actual. Un libro publicado hacía no muchos meses.

Hasta donde yo sé, y está claro que no es mucho porque de mis compañeras soy la que menos recorrido como escritora tiene, toda publicación de un libro tiene una serie de pasos que cumplir. Más aún cuando se trata de un libro publicado en una editorial: revisiones de borradores, de estilo, ortográfico y un sin número más de pasos hasta que un texto está lo suficientemente pulido como para poder publicarlo. Por esa razón, me sorprende todavía más encontrarme con casos como este.

No solo eso. Quizá en mi ignorancia también considero que a alguien que le gusta escribir tiene un amor por el lenguaje. A fin de cuentas, la palabra escrita en este caso es su herramienta para poder hacer llegar la historia que quiere contar. Se puede considerar que somos profesionales en unos casos, amateurs en otros como el mío, de la escritura. Entonces, ¿por qué cada vez con más frecuencia nos encontramos con libros publicados por editoriales o autopublicados con faltas de ortografía? ¿Es por las ganas inmensurables de que lean nuestro trabajo que al final nos saltamos pasos necesarios para que salga un buen trabajo? Hace mucho tiempo que descarté que se trataran de errores tipográficos.

Este fenómeno a mi parecer se agrava cuando nos encontramos con páginas que se consideran profesionales, de información, con personas que se vanaglorian de saber escribir, en las que hay tales faltas de ortografía, ya no hablo de errores tipográficos, que pondrían el cabello blanco a cualquiera que lo leyera. No sé a vosotros, pero en mi caso cuando por prisas escribo y me encuentro con que hay una palabra mal escrita hay algo en mi cerebro que dice que está mal, que es incorrecto, que falla algo.

Y el problema que veo en todo esto es que esas faltas ortográficas, ese «todo vale», provocan dudas y nuevas faltas de ortografía. Porque sí, porque todavía enseñan que se dejan de tener cuando leemos. No quiero ser alarmista, pero esos libros en los que ahora nosotros podemos reconocer que hay faltas llegarán a manos en el futuro de personas que quizá con un menor bagaje de lecturas los leerán y no sería de extrañar que al final se traspasaran a las nuevas generaciones.

Así que si no queremos encontrarnos con textos como en esos siglos pasados, en el que todo valía puesto que no había unas normas gramaticales y ortográficas claras, sugiero que no tenemos que descuidar la palabra escrita como parece que está sucediendo en estos momentos entre algunos círculos. Es más trabajo, sí, pero ¿y lo bien que sienta cuando terminamos un trabajo bien hecho? ¿Lo bien que tiene que sentir cuando se tiene entre nuestras manos un libro en papel con la historia que durante tanto tiempo ha estado fraguándose en nuestra mente? Utilicemos las herramientas que tenemos en nuestras manos para conseguir ese trabajo perfecto con el que todos soñamos y que en el fondo sabemos que nunca llegará a cumplir nuestras expectativas porque somos así de críticos con nosotros mismos, pero al menos hagamos que sea lo más cercano a la perfección que sea posible.

Anuncios

Un comentario en “Faltas de ortografía en la literatura: una llamada de atención.

  1. Muy buena reflexión. Personalmente, a mí las faltas de ortografía me chirrían mucho (hasta el punto de llegar a estropearme la lectura), pero lo cierto es que no me había parado a pensar en algo que expones: los libros están dejando de ser un referente tanto para adquirir vocabulario, como para adquirir soltura con la ortografía. Nos quedamos sin mapas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s