#5 Celtic Blood

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DAMON

Me quedo arrodillado frente a la pared, como un idiota, resollando. Vuelvo a subir la cremallera de la bragueta que había bajado.

Joder, la temperatura de la habitación se ha desplomado hasta el punto de que estoy congelado.

Dedico una milésima de segundo a meditar sobre por qué no estoy cabreado, furioso, por el hecho de que me hayan dejado con la boca abierta a mitad de mamada.

Lo cierto es que no estoy furioso por eso. Ni siquiera estoy excitado ya. Mi polla se ha desplomado también.

Caell piensa que es mi puta.

Una de esas siete cerraduras que sellaban ese cofre oscuro en mi interior está abierta y respiro profundamente para no entrar en pánico. Me levanto despacio y me quedo mirando la pared sin ver nada. Ciego por la furia.

Y asqueado de mí mismo.

—Una puta es alguien respetable. Libre de proxenetas, es dueña de su cuerpo para hacer con él lo que le plazca, incluso venderlo. Sin embargo, respetos a parte, no recuerdo haberte ofrecido nada a cambio de follarte. —Me giro despacio y le miro. Por un momento me parece el chico con el que hacía travesuras hace más de tres siglos—. Nada, salvo a mí.

CAELL

Apoyo los antebrazos en las rodillas y me inclino hacia delante para observarlo. Ladeo la cabeza mientras lo escucho.

— Si me ibas a tratar como a un objeto, tendrías que haberme ofrecido dinero. Lo habría aceptado — me levanto, recojo mi ropa del suelo y comienzo a vestirme —. Quizá así no me habría sentido como una mierda. Porque Damon, lo que tú no entiendes es lo que yo quiero. Te quiero a ti, sin condiciones, sin temer que si intento follarte me arrojes al otro lado de la habitación y acabes follándome a mí. Que me gusta sí, pero necesito algo más — Una vez vestido, me giro hacia él completamente —. Por si no lo has entendido todavía, te lo explicaré de forma que lo comprendas perfectamente: quiero a Niall, no a Damon. Y el de ahí — señalo la pared que hemos destrozado — era Damon.

DAMON

No sé cómo puedo aguantarle la mirada.

Soy un jodido soldado y las rodillas me tiemblan, imperceptiblemente, espero.

Caell se ha vestido —mierda—, pero creo que hace demasiado tiempo que no me parece tan desnudo.

Tanto como cuando me llamaba Niall.

Mientras nuestras miradas están conectadas y prácticamente siento el aire chisporrotear entre  nosotros, mi pecho sube y baja con lo que empiezo a comprender dentro de mí.

Caell se siente como una puta porque yo estoy sucio, podrido por dentro. ¿Quiere a Niall? Niall no existe.

Desvío la mirada. Me avergüenza mirarle, porque él es franco, transparente. Limpio. Lo es cuando lo miro así, cuando quiere dejar que lo vea.

Sin embargo,…

—Niall no existe —susurro sin mirarle—. Murió poco tiempo después de que el vikingo te abandonara. —El nombre de nuestro padre de sangre suena repulsivo en mi voz—. Esto es lo  que hay ahora  —alzo mi mirada hasta la suya de nuevo, y abro levemente mis brazos—, es lo que soy. Lo que te estaba ofreciendo. No puedo hacer… lo que quieres, pero tampoco quiero irme.

Ahora estamos desnudos los dos.

CAELL

Lo observo en silencio. Lo observo incluso cuando termina de hablar. Es lo más honesto que he escuchado de él en siglos y sé que no voy a sacar nada más. Él no quiere irse, yo tampoco quiero que se vaya. Y hay otra cosa que no quiero: no quiero escuchar lo que me ha dicho sobre el vikingo. Él también me abandonó. No fue el vikingo el único que lo hizo. Él se marchó sin mirar atrás y después ni siquiera quiso recibirme.

No. No quiero escuchar eso. Y no quiero hacerlo porque intuyo que hay mucho más y no quiero saberlo, porque si lo sé… si lo sé no estoy muy seguro de si perdería la cordura de nuevo. Y yo, completamente loco, es algo que no quiero volver a ver.

— Niall existe — digo simplemente —. Sólo que está ahí, dormido en algún lugar. Probablemente despierte cuando menos lo esperes. Y espero que sea pronto y así te quites el puñetero palo que llevas metido por el culo.

Me levanto de la cama y me acerco a él. Le tomo el rostro entre las manos y lo beso. Lo hago con ternura, dejando salir parte del amor que una vez sentí por él… no, qué cojones, que todavía siento. Quizá sea lo que él necesita ahora, pero desde luego yo lo necesito más que él.

— Idiota — murmuro sobre sus labios —. Deberías huir de mi, pedazo de idiota.

DAMON

¿Qué es esto?

Después de varios siglos de peleas y sexo sin sentido algo se ha movido, encajando en su lugar, y ha abierto sutilmente una ranura por la que pasa el aire fresco entre nosotros.

Por un momento, siento pena por esos dos chavales que recuerdo de eras pasadas. Al instante siguiente, me invade la ternura, cuando noto sus labios tal cual los he deseado en noches de inmensurable oscuridad a lo largo del tiempo.

Y luego, me sumerjo en la locura que somos él y yo juntos. «Niall ya no existe, pero si te pone duro pensar que sí, puedes llamarme Niall». Me muerdo la lengua antes de soltar un comentario así. Mientras me abalanzo sobre él, lo envuelvo con fuerza entre mis brazos y me empapo en su beso, pienso en lo jodidamente mal que estoy de la cabeza.

Caell piensa que el muchacho que fui duerme en mi interior, escondido en algún lugar.

Antes ardo en el infierno que dejar que sepa dónde terminó Niall exactamente.

Arrugado sobre sus propios deshechos. Llorando sin lágrimas. Rogando por su vida.

Y luego porque ésta terminara.

Sacudo mi mente de toda esa basura y me sumerjo a pecho descubierto en este momento.

Quiero darle a Caell lo que pueda quedar de Niall en mí. Pero sobre todo, quiero tomar de él todo lo que he necesitado durante siglos.

Mis manos se pasean sin ambages sobre su espalda y me sobra toda la ropa, la suya y la mía. Acaricio sus costados descendiendo y cuando llego a sus caderas, lo atraigo hacia las mías. Ahí hay algo de Niall que puede tomar, si lo quiere. Cojo su camiseta y se la saco de un tirón.

Estoy jadeando.

CAELL

Siento que Niall se doblega.

No… no es Niall. Es Damon. Sé que es Damon, pero quiero creer que es Niall.

Si él supiese lo jodido que estoy, lo mucho que necesito sentirlo así… sin puños por medio, sin las peleas constantes, sin que medie la sangre entre nosotros —la suya o la mía, da igual— ni el odio. En este momento somos simplemente Damon…Niall… bien, no sé y no me importa. Sólo sé que estamos jodidos. Los dos.

Me saca la camiseta y yo lo desvisto a mi vez. Me aparto un poco y miro su cuerpo. Antaño lo conocía como la palma de mi mano, ahora… ahora ya no lo conozco de igual manera. Pero estoy dispuesto a recorrer ese camino otra vez.

— No está mal — susurro con una sonrisa —. No estás tan bueno como yo, pero no estás nada mal.

Le guiño un ojo y lo llevo hasta la cama. Despacio. No hay prisa. Todavía quedan muchas horas para el amanecer (por eso amo el invierno). Recorro su cuerpo con mis manos, con mi lengua y regreso a su boca. Quiero saborearlo porque sé — y supongo que él también lo sabe — que no habrá más oportunidades como esta. Y yo estoy dispuesto a disfrutarla cuanto él me permita.

DAMON

La mirada que me recorre cuando me termina de desnudar me afecta de tal forma que jadeo levemente. Le miro, serio. Pero él rompe el hielo con ese sutil sarcasmo que me divierte y me desquicia al mismo tiempo. Su fanfarronería me recuerda al fanfarrón del que me enamoré. Me hace sonreír aun cuando camino por la cuerda floja.

Caell es todo músculo, su piel parece de terciopelo en este juego de luces y sombras que nos envuelve y su mirada me quema. Casi prefiero que la pasee por mi cuerpo, porque, dado el giro de los acontecimientos, no estoy seguro de poder esconderme si me mira a los ojos. Me lleva a la cama tan despacio que me parece una ilusión y yo me dejo hacer. Mis manos no paran de tocarle y siento las suyas por toda mi piel, trazando caminos que luego recorre con su lengua.

La intensidad de nuestras caricias aumenta, los jadeos y los gruñidos. Sin embargo, todo transcurre lento, despacio… o así me lo parece a mí. Me da la sensación de que estoy abotargado, descolocado por esta forma de tener sexo tan diferente a lo que venía siendo todo entre nosotros; sin embargo, las emociones son profundas: siento como la fuerza de su rugido tambalea mis cimientos.

No hablo.

No puedo.

Pero cuando estamos tan enredados que no sé dónde empieza él y dónde termino yo, presiono levemente sus caderas para separarnos. Sé que sabe lo que quiero y se aparta lo justo para dejarme mirar. Recuerdo aquella ocasión, teníamos ambos diecisiete, en que nos escondimos en el granero de Ian McTavish después de ver a las chicas Mckeltar lavándose y retozando en el río. Estábamos meneándonosla cuando vacilamos sobre quién la tenía más grande. Nos acercamos mucho, para comparar. Nos acercamos tanto que nos rozamos, aunque no sé si fue algo casual, porque ninguno se apartó. Aquella imagen me impactó: su sexo junto al mío, grande, orgulloso. Tragué con dificultad y alcé la mirada hasta el rostro de Caell, pero él estaba tan absorto como yo. Notó mi mirada y alzó la suya, sonriendo. Nuestros sexos goteaban lentamente, y ni siquiera nos estábamos tocando, sólo un roce y un rayo de placer recorría mi espina dorsal.

Los miro ahora y están empapados porque estamos haciendo algo más que rozarnos, pero esa imagen de nuestras pollas juntas me sigue poniendo a mil. Gimo con fuerza y muerdo a Caell en el hueco entre su hombro y su cuello al tiempo que vuelvo a unir nuestras caderas.

CAELL

No opone resistencia. Se abandona a las caricias, los besos… a la idea de bajar la guardia aunque sea sólo por unos minutos y abandonarse a ese momento. Probablemente la última ocasión que tendremos de estar así, juntos, sin golpes, sin insultos, sin barreras.

Por primera vez en mi larga vida (mortal o inmortal), me siento torpe. En estos momentos soy como un crío que se inicia en las artes amatorias.«¿Debería…?»,«¿O tal vez…?», «si hago esto…», «¿cómo reaccionará si…?».

Me río de mí mismo. La verdad es que la situación me hace gracia. No tanto estar ahí, con él, tal y como he soñado durante cientos de años, como el hecho de que me sienta más torpe aún que la primera vez que hice el amor con él. Y es absurdo, porque ambos tenemos una vasta experiencia. Pero supongo que el hecho de que nuestra relación haya sido siempre un poco… tensa y esporádica, me ha llevado a sentirme así.

En el fondo, soy un blandengue. Y no lo voy a ocultar. Al menos no en este momento. Probablemente después lo niegue y finja que no sucedió, pero ahora…

— Joder, Niall… me siento completamente torpe — me aparto de él y me dejo caer de espaldas, riendo —. ¡ Ah, maldición! Por fin te tengo y estoy  temblando como una florecilla.

DAMON

Hay muchas razones por las que deseo a Caell. Su tozudez, su orgullo, su inteligencia, su tenacidad. Su cuerpo impresionante tallado en piedra de nuestra antigua tierra. Sé que no va a ofrecerme hoy ninguna de las razones importantes, pero voy a tomar lo que me ofrezca. Llegados a este punto, con él todo me sirve.

La visión de él tirado en la cama en indolente postura, su sexo duro y su gesto descarado me cabrea, pero no acierto a saber por qué. Es como si de repente hubiera dejado de lado todos nuestros inconvenientes sin contar conmigo. Mis ojos se desvían a su cuello, donde mana su sangre de las dos pequeñas incisiones que acabo de hacerle. Estoy perdido y él ya lo sabe. Por eso no ha contado conmigo. Me está haciendo el favor de mi vida. Resoplo despectivamente, pero sólo para mí.

Voy a follármelo.

Otra vez.

Mi mano resbala por mi vientre hacia abajo y su mirada me quema la piel. Hinco una rodilla en la cama, entre sus piernas, que él abre sin ambages continuando con su desfachatez, y le disparo una mirada directamente a los ojos antes de meterme su polla en la boca. Hasta lo más hondo. Caell echa la cabeza hacia atrás un segundo para dejar salir un gemido que me eriza la piel, pero luego vuelve a alzarla. A los dos nos gusta mirar. Siempre nos ha gustado.

Su sexo me sabe a todo lo que he añorado durante siglos. No importan nuestros encuentros esporádicos: sigo añorando esto porque nunca es suficiente. Caell empieza a follarme la boca y nuestros gruñidos preñan el ambiente de intimidad. Sus caderas ondean sobre la superficie de satén de la cama, cada vez se mueve con más fuerza contra mí.

—¿Por qué no dejas que te folle? —Su voz suena rasgada por el deseo y en su tono desapasionado hay un matiz de curiosidad.

Siento el fuerte impulso de morderle la polla. De terminar lo que antes no me ha dejado. Sin embargo, sólo rasgo su superficie con un colmillo, lo justo para que sangre en mi boca.

Caell grita y se corre con fuerza.

Cuando termina me incorporo y me limpio la boca con la mano. Luego agarro sus caderas y, aprovechando su laxitud postorgasmo, le doy la vuelta con facilidad dejándolo boca abajo. Me acuesto sobre él, aprisionándolo, pegando nuestras pieles sudorosas, y atrapo sus manos con fuerza sobre su cabeza, sometiéndolo. De repente ya no me apetece ser sutil.

—Eso es algo que tú nunca entenderías —murmullo en su oído con falsa calma.

Caell da un cabezazo hacia atrás y suelta sus manos sin que yo pueda impedirlo. Se va a dejar hacer sólo porque él así lo ha decidido. No es fácil someter a Caell. Yo nunca lo he conseguido. Y eso es algo que también me pone a mil.

Me arrodillo, mis manos están en sus glúteos firmes ahora y es donde quiere estar mi lengua. Lamo piel, muerdo, hago sangrar en algún punto y succiono con frenesí. Hago gemir y maldecir a ese vampiro que me hace perder la cordura. Subo sin despegar mi lengua de su espalda y cuando llego de nuevo a la altura de su nuca estoy tan perdido que…

—Caell…

Me besa con fuerza. Se ha percatado del tono lastimero que he empleado y me importa una mierda que sepa que lo necesito. Mientras su lengua se pasea a su antojo por mi boca y me muerde los labios, levanta el culo con fuerza. Mi mano sale disparada hasta mi polla, me entretengo lo justo para esparcir lo que está saliendo de ella y me apuntalo contra su entrada. Su culo vuelve a embestir y él mismo se empala.

«Diossss»

El placer se dispara a través de mi torrente sanguíneo llegando hasta cualquier rincón de mi cuerpo; no puedo hacer otra cosa que gemir. Gemir y morderme la lengua para no gritar. Caell impone un ritmo imperioso y mis caderas le siguen por voluntad propia. La urgencia crece, la necesidad. Siempre ha sido así con él. Siempre hemos encajado en esto, siempre que hemos sido capaces de dejar de lado nuestras diferencias.

No puedo más.

Él mete un brazo bajo su cuerpo y yo muevo el mío, porque quiero ser yo quien le toque, pero me aparta de un manotazo. Entonces empiezo a sentir las contracciones de su cuerpo a mi alrededor…

—Joder, Caell…

Dejo caer mi cabeza hasta que mi frente toca el centro de su espalda y me dejo ir…

                                                                     ***

Sólo se escucha nuestra áspera respiración en la estancia. Aún me sacuden los espasmos y parece que ninguno de los dos quiere moverse por ahora.

Siento, más que oigo, algo en la misma terraza por la que yo he entrado y la adrenalina se dispara por mis venas.

Y luego la furia, al percatarme de quién es.

CAELL

No quiero moverme. Me siento bien así, con Niall sobre mí, dentro de mí. Ha sido un polvo increíble, aunque no puedo librarme de lo que sea que oprime mi corazón. Es una sospecha, algo que no me está gustando nada, que me tiene inquieto. Pero, aún así, me niego a moverme. Al menos hasta que siento una presencia en la terraza. Noto la tensión de Niall. Él también la siente. Los dos sabemos que ese tipo no es de los míos.

— ¡Joder! — Exclamo cabreado antes de saltar de la cama y abalanzarme sobre la daga de oro que he dejado tirada cuando descubrí que era Damon quien estaba en mi habitación. Miro a Niall… no, a Damon — Tus habilidades han mejorado, Damon. Han mejorado mucho. ¿Así es como haces bajar la guardia a tus enemigos?

La presencia se deja ver, pero no me mira a mí, sino a Niall… no, a Damon. Hay reproche en su mirada. No entiendo ni una mierda ni quiero entender. Estoy en pelotas en una puta habitación de hotel, con dos enemigos. Y, lo que es peor, uno de ellos me acaba de follar. Me follaba mientras esperaba refuerzos.

¡Maldito-hijo-de-puta!

Miro a Damon con rencor. Al invitado no deseado lo miro con sorna.

— Llegas tarde a la fiesta, así que supongo que no estás aquí para unirte a nosotros.

No bajo la daga ni la posición defensiva. Me jode tener los huevos al aire, pero mejor eso que ser asesinado por gilipollas.

El tipo me mira con desdén, del mismo modo en que me miran todos esos pijos de mierda. Luego vuelve a mirar a Damon, a quien me niego a mirar para no perder el control sobre mí mismo y lanzarme sobre él para arrancarle las entrañas.

Sal de ahí, McLeod ¡Ahora!

Lea. No está lejos de aquí. Por eso puede meterse en mi mente. Mientras esos dos se miran animosamente, recojo mi ropa y me desvanezco de allí. Habría preferido luchar, pero la opción de Lea es mejor. No voy muy lejos, lo justo para acabar en un maldito callejón y vestirme. No soy hábil con esa habilidad vampírica y no puedo ir  lejos. Pero alguna vez he podido salvar mi culo gracias a ella.

— ¿Cómo piensas comandar un ejército siendo tan débil?

Me vuelvo y veo a Lea, vestida con una túnica blanca, observándome mientras me visto. Estamos en enero, joder. ¿Necesita escenificar sus apariciones de ese modo? Si va a ser verdad eso de que los Antiguos están hechos de otra pasta.

— ¿Te gusta lo que ves? — Pregunto abrochándome los pantalones.

—  No cambies de tema.

— No volverá a pasar.

— ¿Estás seguro?

Me detengo justo cuando estoy guardando la daga en su funda y la miro a los ojos. ¿Que si estoy seguro? ¡Sí, joder! ¡Vaya si lo estoy!

— Sí.

— Escapaste de milagro.

— No estoy seguro de que el gilipollas estuviese allí por mí. Creo que le interesaba más Damon.

Ella se encoge de hombros con indiferencia.

— Tal vez sí, tal vez no. Tal vez por los dos.

— ¿Y tú, Lea? ¿Qué haces aquí?

Se encoge de hombros de nuevo. Esa forma de ser tan pausada me pone de los nervios.

— Lo hemos pensado, McLeod.

— ¿Y?

— Estamos de acuerdo. Pero necesitamos algo de tiempo.

— Bien. Pero no os demoreis demasiado.

Me pongo el abrigo y la veo desaparecer. Y yo debería ponerme en movimiento. Esos dos no están muy lejos y no me voy a quedar aquí para que me corten las pelotas. Si se quieren matar entre ellos, que se maten. A mí que me dejen en paz.

«Damon, esta me la pagas».

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