Escritores vs Ego

Cuarto intento y a ver si por fin consigo hacer una entrada decente. Os explico un poco: soy una bloguera muy acostumbrada a escribir lo que me da la gana y como me sale, sin detenerme a pensar en si ofendo o no a los demás, así que nunca hago gala de contención. Sin embargo, en este blog tengo que hacer un ejercicio de moderación por respeto a mis compañeras, no sea que arda Troya y acaben pagando ellas por mis incendiarias opiniones. Así que, por primera vez en todos los años que llevo en este mundo, se me ha atragantado una entrada. Aunque, por otra parte, yo prometo intentarlo pero no conseguirlo.

En fin, tomemos aire, expulsémoslo lentamente y…

Uno…

Dos…

Tres…

Cuatro…

¡Let’s Go!

Ego, esa palabra que se asocia al escritor como si fuese un defecto inherente a su persona. Lo habitual es hacerlo de forma despectiva. ¿Quién no ha escuchado algún comentario desdeñoso sobre el tema? Creo que todos, ¿verdad? Al menos yo lo he escuchado muchas veces. Y ahora, ¿a cuántos escritores habéis escuchado renegar de esa cualidad? A muchos, ¿no? Es que el tema tiene su punto de controversia. Si la palabra se expresase con admiración o normalidad, nadie traicionaría a su ego e, incluso, se sentirían orgullosos de poseerlo. Cuando la misma se menta con grandes dosis de vilipendio, todos agachan la cabeza y hacen gala de una humildad que, reconozcámoslo, no va con ellos.

Los escritores somos ególatras, es un hecho. Pero no debéis culparnos por ello, ni siquiera sentir como ofensa esos momentos en los que, haciendo gala de una pedantería de la que no somos conscientes, os miramos por encima del hombro tan sólo un segundo. No hay mala intención en ello. Ni siquiera la más mínima burla. Somos así porque somos personas tan cargadas de miedos e inseguridades, que necesitamos reafirmarnos en el «yo» para demostrarnos que podemos, que somos capaces. Nos escondemos tras él porque es muy, pero que muy difícil hacer lo que hacemos. Pensad, queridos lectores, que mientras vosotros estáis disfrutando de una noche de fiesta, seguramente un escritor estará devanándose los sesos buscando la forma de haceros felices, aunque sólo sea por unas horas.

Eco y Narciso (Waterhouse)

Nosotros, los escritores, somos un poco como Narciso. Nos contemplamos en el reflejo del agua porque pasamos tanto tiempo solos, dedicamos tanto tiempo a vivir vidas que no son nuestras, que la soledad se cierne sobre nuestra realidad. Nadie puede hacer nuestro trabajo por nosotros, nadie puede rescatarnos, ni librarnos del sufrimiento. Porque sufrimos, sufrimos mucho.

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Este sufrimiento viene de la mano del de nuestros personajes. Si ellos penan, nosotros también. Si ellos ríen, nosotros también. Y claro, después de horas, semanas, meses e incluso años trabajando en una historia, la lanzamos al mundo y, justo en ese momento, estamos completamente expuestos. Lectores, no tenéis ni idea del grado de exposición al que nos sometemos cada vez que sacamos uno de nuestros trabajos al mundo. Vosotros, lectores, y también vosotros, escritores, tenéis en vuestras manos el elevarnos al cielo o llevarnos al infierno con vuestras palabras. Por eso, si no nos ocultásemos tras el ego, ser escritor sería un infierno.

Pero, como en todo, hay niveles y, cuando el ego los sobrepasa, entonces nos encontramos con escritores insoportables hasta el punto de rozar (y sobrepasar) el ridículo.

El problema es que ellos son los que destacan, los que dan esa imagen tan pobre sobre nosotros. Están en todos los saraos, siempre hay mal ambiente a su alrededor y, lo que es peor, se creen con todo el derecho del mundo a aleccionar, pisotear y despreciar a otros escritores. Y, para agravarlo, alguno de estos literatos tiene más talento en el dedo meñique que el autor ególatra que los ha ninguneado.

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No os equivoquéis, una cosa es el ego y otra muy diferente la bordería. Hay escritores muy bordes, pero no necesariamente ególatras. Son ásperos porque no están para aguantar las tonterías de nadie, tienen una carrera que los avala y no necesitan gustar. Pueden agradarte más o menos, pero no hacen daño a nadie. Los ególatras, sin embargo, se comportan como líderes yihadistas, lanzando a sus hordas de seguidores sobre aquella persona (lector o escritor) que se les haya cruzado. Van siempre con su novela debajo del brazo dando a entender que son mejores que nadie, como si ese ego inflado les fuese a proporcionar el talento del que carecen. Porque sí, queridos míos, cuanto más ego menos talento. Es una contradicción, ¿verdad?

Estos escritores, para su desgracia, están rodeados de parásitos a los que, habitualmente, conocemos como aduladores. Todos los hemos sufrido alguna vez. Personas lisonjeras que, frente a ti, alaban tu trabajo y que, a tus espaldas, te ponen a caer de un burro sin diferenciar entre la persona, el escritor y la obra. Estos oportunistas jamás dicen la verdad y alimentan el ego del escritor falto de talento y con poca personalidad (porque hay que ser muy mostrenco para creerte todo lo que te dicen), para así viajar a rebufo del pobre pánfilo que pone la cara y adquiere la popularidad que tanto buscan autor y parásito. Al final, estos parásitos hacen sus pinitos en la literatura sabiendo que, yendo a rebufo del mentecato al que ha encumbrado, tendrá su parte de éxito. Otros, sin embargo, son parásitos sin más que creen que su deber es alabar al autor de turno, aunque su actitud no les guste. Ni siquiera son conscientes de lo que hacen. Sólo buscan alardear de su «amistad» con tal o cual escritor. Claro que, la lealtad de estas gentes de mal vivir no es demasiado duradera.

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La fauna que rodea a los escritores es de lo más variopinta, pero eso daría para otra entrada. En esta sólo quiero dejar claro que, cuando se trata de escritores con ego inflado, los propios seguidores deberían ayudarles a poner los pies en el suelo y no jalear sus estupideces simplemente por ser escritor.

Queridos lectores, un escritor es un ser humano normal. Es un dios en su propio mundo, pero fuera de él no es diferente de ti. Lo único que os diferencia es la capacidad de escribir historias, pero seguro que tú tienes talentos de los que el escritor carece. No es necesario que lo trates como si fuese un genio, porque no lo es.

¡Bueno! Entrada terminada, espero haber sido comedida y nada incendiaria, porque no tengo tiempo de escribir otra.

¡Un abrazo a todos!

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3 comentarios en “Escritores vs Ego

  1. Es un tema puntilloso. Un escritor (un creativo, en general) a veces necesita tirar mano de su ego, necesita mimarlo y que lo mimen, para continuar creando, para tirar del carro. Y en ese sentido, me parece una relación sana. Lo insano viene cuando ya no habla la persona, sino el ego, cuando permitimos que campe y actúe sin nuestro consentimiento, dejando que nos represente. Por eso siempre intento aprender de los demás: de lo bueno y de lo no tan bueno. Muy buena reflexión, aunque te hayas contenido, jajaja. Me ha encantado.

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    1. Si no me contengo arde Troya, que lo sepas. Y vale, a lo mejor no parece muy contenido visto desde fuera, pero telita lo que me he mordido la lengua.
      Yo creo que un escritor sin ego no es nada. Pero un escritor con ego desmedido es… ejem… mejor me lo reservo jajajaja

      Le gusta a 1 persona

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