#7 Celtic Blood

No, no me he olvidado de que hoy me tocaba a mí presentarme ante vosotros, humanos. Pero las noches se me hacen tan cortas…

Antes de empezar, deciros que Damon y yo nos vamos de vacaciones, pero volveremos en septiembre. No, no seais mal pensados: nos vamos por separado. Ni loco me voy yo por ahí de fiesta con ese tipo estirado. Seguro que ni siquiera sabe el significado de la palabra «fiesta». Bueno es él para estas cosas…

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Caell

Camino por el «jardín» de una de las casas de la Comunidad. Pierre, el puñetero franchute que la maneja, me ha dicho que hay un topo entre nosotros. Un topo que ha sido testigo del respeto que me muestran los demás. Un topo que está en contacto con Damon. Alguien demasiado bien posicionado que debe morir para dar ejemplo a los demás. Es cierto que no sabe con certeza si yo soy el Sanguinario, pero si le doy tiempo lo averiguará y no puedo arriesgarme.
Honestamente, matar a uno más no me molesta. Sólo me preocupa el francés, que a pesar de su relación con él, ha confesado lo que sucede. Sabe que tengo que matar a su amante y, aún así, antepone la causa a todo lo demás. Por eso dudo ahora mismo. A pesar de que sé que mis dudas dan alas a mis enemigos. Y, entre ellos, está Damon. Sí, Damon, porque no quiero pensar en él como Niall en este momento.
¿Qué debo hacer? Las normas dicen que debo darle muerte. Mi corazón duele por Pierre. Así que sigo dudando.
— Caell… ha llegado esto para ti.
Uno de los guardias me entrega un papel. Lo miro extrañado. Mi gente sabe que no suelo visitar las casas de la Comunidad y que, cuando lo hago, es porque me han llamado. Jamás se me entregan mensajes en papel, se envía a vampiros experimentados a los que conozco, porque sino no hago caso de las llamadas. Es para preservar mi propia seguridad. Vamos, para mantener mi culo a salvo.
Abro el papel y reconozco la letra enseguida. Nadie escribe de una forma tan recargada.
— ¿Dónde está el mensajero?
— En la sala. Es uno de los nuestros.
Lo sigo al interior y me señala a un neófito que le está enseñando a sus compañeros el mac que se ha comprado. Probablemente con el dinero que le han pagado por traerme el mensaje. Saco la daga de la bota, me acerco a ellos y, sin mediar palabra, se la clavo en el pecho. Los neófitos me miran asustados.
— La traición se paga con la muerte — digo golpeando las cenizas del vampiro con la punta metálica de mis botas —. Si no queréis estar con la Comunidad, largaos. Si os quedáis, debéis ser leales. Aquí no se tolera la deslealtad.
Nadie se atreve a moverse, se limitan a mirarme como si fuese un monstruo. ¿Qué cojones piensan que es esto? ¿La casa de sus padres? Soy un monstruo. Soy lo peor que les ha pasado, aunque de haber caído en manos del vikingo tal vez no estuviesen aquí aún.
— ¿Irás? — Me pregunta el guardia — ¿Debo reunir a algunos hom…?
— No es necesario. Puedo manejarlo.
— ¡Es el Consejo!
Me encojo de hombros.Sé que es el maldito Consejo, pero ya deberían saber que yo no podría un pie allí sin tener un as bajo la manga. Saldré de allí con mi culo intacto como me llamo Caell McLeod. No debería ir, lo sé, pero si no lo hago empezarán a cargarse las casas de la Comunidad. Esta nota no es más que una advertencia.
— Llama a Ten. Dile que necesito que se encargue de Samuel. Que hable con Pierre primero.
El guardia me hace una reverencia y se retira. Odio esas formalidades, pero no hay forma de metérselo en la cabeza. Ya que yo tengo que presentarme ante el Consejo, alguien tiene que hacerse cargo del topo y Ten es el tipo ideal. Es un vampiro muy antiguo, mucho más que yo. Durante un par de años formó parte del Consejo, pero luego los mandó al infierno para ir por libre. Y tan por libre va, que hace un siglo se cargó a uno de los viejos del Consejo y nadie se atrevió a ir tras él. Por su aspecto, parece que fue convertido cuando era muy joven y, por su forma de vestir, pasa por un adolescente humano. Tiene un aspecto muy atractivo y su actitud lo ayuda a pasar desapercibido. Es muy diferente de cualquier vampiro que haya conocido. Es muy habitual que los vampiros que se encuentran con él lo subestimen al verlo tan joven, pero la realidad de Ten es que es letal. Sigiloso como pocos, enmascara bien su presencia y puede acabar con tu vida en segundos. Así es Ten. Y también es caro. Él se mueve por dinero y por el odio al Consejo. No presentes ante este anciano ideales que no le reporten beneficio, porque te hará a un lado. Preséntale dinero o un plan para deshacerte del Consejo y lo tendrás de tu lado.
Ahora que ya tengo lo del topo cubierto, toca enfrentarse a la otra parte. «Papá» me llama. Tiene los cojones de convocarme a mí. ¡A mí! Y para colmo me amenaza con castigar a mi gente si me niego. Que si no fuese porque perderíamos soldados, le podían dar mucho por culo al vikingo de las narices.
Cuando llego a la verja de la inmensa mansión montado en mi moto, veo que los de la puerta no tenían ni idea de que vendría. Los idiotas no saben qué hacer. ¿Y estos idiotas son los que gobiernan el mundo vampírico? Pues estamos bien…
— He venido a ver a Rókr.
Se miran, me miran, se vuelven a mirar y… me los cargo. Ha sido tan fácil como asesinar a los Antiguos. Tema que, por otra parte, debería retomar. Me sacudo las cenizas de la ropa y las limpio de la moto antes de empujar la verja. Se han reunido varios vampiros en la entrada, pero no se atreven a atacarme. Es extraño y apesta a trampa, pero avanzo igualmente. No es la primera vez que me zafo de situaciones peligrosas o que creen haberme emboscado y acaban quedándose con las ganas. La cosa canta aún más cuando se me permite entrar en el edificio con total normalidad. Nadie trata de detenerme, así que avanzo mientras todos esos vampiros se apartan de mi camino. Finjo que no me doy cuenta de lo que sucede y, haciendo gala de esa chulería que tanto molesta a Damon, voy abriendo puertas con el pie, buscando el lugar donde se esconde el cabrón que me creó. Tengo que subir tres plantas hasta dar con él y, finalmente, lo encuentro cómodamente sentado en un sillón de cuero bebiendo una copa de sangre y leyendo. Bueno, fingiendo leer, porque el libro está al revés. Una escena perfectamente montada de no ser por ese detallito sin importancia, pero que la destroza completamente.
— No pensé que vendrías.
— Sabías que lo haría. ¿Qué quieres?
Me lanza una de sus miradas de desprecio. Antaño podrían haberme molestado, ahora me importan muy poco.
— Muestra respeto, no estás en esa taberna inmunda.
Miro a mi alrededor y lo miro con frialdad.
— Está bien, mostraré el respeto debido — alzo una ceja y lo miro, desafiante —. ¿Qué cojones quieres? Estoy demasiado ocupado como para acudir a tus putos llamados.
— Eres soez y maleducado. Debí matarte cuando tuve ocasión.
— No creas que yo desaprovecharé la mía cuando la tenga. ¿Vas a hablar ya o pasamos a la parte en la que me lanzas a tus perros?
— ¡Estás en mi terreno y no consiento que…!
Me acerco a él a tal velocidad, que ni siquiera es capaz de verme. Lo cojo por el cuello de la bata y lo levanto del sillón. Pego mi cara a la suya.
— Escúchame, viejo: yo no soy uno de tus putos perros. A mí no me das órdenes, ¿esta claro? No me vengas con eso de que no me consientes, porque te corto las pelotas, ¿entendido? Habla de una puta vez o lánzame a tus mascotas para que pueda volver a la taberna inmunda a la que no te atreves a entrar — lo suelto con una sacudida y cae despatarrado en el suelo —. Ni siquiera te molestas en defenderte. ¿Qué tienes preparado?
— No saldrás de aquí. Tu insolencia será castigada.
— Inténtalo. Tu cuello o mi culo, tú decides.
— Te has ocultado muy bien, Caell. Eso teng…
— No vuelvas a ensuciar mi nombre con tu boca. Si quieres hablar conmigo, ni siquiera lo menciones. Siento ganas de vomitar cada vez que lo usas.
Me fulmina con la mirada. No tiene ni idea del asco que siento, de la ira que amenaza con salir a borbotones y destrozarlo todo a su paso. No. No tiene ni idea. Pero sabe que soy peligroso. Si no tuviese la capacidad de enfrentarme a él, no estaría aquí y lo sabe.
Fuera hay un gran escándalo, la gente siente curiosidad.
— Está bien. Iré al grano. Deja en paz a Damon. Sé lo que has estado haciendo con él, así que…
— Damon no me interesa una mierda.
El que me interesa es Niall, pero no pienso decírselo.
— Eso no es…
— No me toques los cojones, viejo. Tú no me has llamado aquí para hablar sobre tu hijo. Tú quieres otro tipo de información. Información que no te daré, como bien sabes. Yo no tengo ni zorra de quién es el Sanguinario ni me importa.
— Entonces, ¿qué haces con la Comunidad?
— Follar. Alimentarme. Divertirme… ¿no somos vampiros? Pues eso.
— ¿Sólo eso?
Me encojo de hombros y me coloco bien el abrigo.
— ¿Qué más?
— Te has vuelto fuerte, eres respetado por la gente de la calle y…
— Me meto en peleas a menudo, soy buen juerguista y follador. ¿Qué más se necesita para ser respetado? ¿Asustar a la gente como haces tú? ¡No me jodas, hombre!
Duda unos segundos, pero no es idiota y sabe que no me sacará nada. En su cara veo que va a cambiar de táctica.
— Lo que quiero saber lo averiguaré de todos modos. Pero antes dejame advertirte que no consentiré que una cosa inmunda como tú toque mis cosas. Damon me pertenece y tú…
Me echo a reír. Río como un loco y aplaudo. Luego lo señalo con el dedo.
— Tiene gracia, viejo. A estas alturas ya deberías saber lo mucho que me gustan las cosas prohibidas. ¿Sabe tu «cosa» de nuestros anteriores encuentros? ¿O has fingido con él que no sabías nada sobre mí?
— Mantén la boca cerrada o…
— ¿O qué? ¿Volverás a encerrarme en una mazmorra para azotarme a tu antojo? ¿Enviarás a tus perros para matarme? ¿Alguna vez ha funcionado algo de eso? ¡Serás gilipollas! ¿Crees que puedes acabar conmigo?
— ¿Por qué estás tan convencido de que no podré? Soy más antiguo y…
No lo dejo terminar. Del bolsillo del abrigo saco un cordón de cuero en el que llevo los anillos de los Antiguos que he matado y sonrío.
— ¿Tú qué crees?
Los mira pasmado, luego me mira a mí y los guardo de nuevo.
— Tú… tú…tú eres…
— ¿Yo? Yo no soy nadie. Sólo alguien a quien has intentado matar mil veces. Tsk, tsk, tsk… has sido un mal padre, Rókr. Muy mal padre.
Abre la boca para contestar y la cierra de nuevo. Es incapaz de reaccionar.
— Tú…
— ¿Yo? Ya te lo he dicho. Yo no soy nadie.
Me doy la vuelta y abandono la habitación. Intentan detenerme, pero él grita desde el interior que me dejen marchar. Nunca tendrá una oportunidad mejor para capturarme y acabar conmigo y lo sabe. Pero también es cierto que, si abro la boca, estará en muy mala posición en el Consejo y, entonces, él podría perder su inmunidad.
Los vampiros son muy locuaces cuando están a punto de morir. Son capaces de darte información muy jugosa con tal de sobrevivir. Y yo soy muy hábil torturando y jugando con mis víctimas.
Sé que Rókr no se quedará así, que intentará acabar conmigo. También sé que, en el fondo, no cree que yo sea el Sanguinario. Que estoy cerca de la cúpula de la Comunidad, seguro, pero más como recadero que como cabecilla. Soy respetado en la calle, soy fuerte y tengo cierta influencia en los bajos fondos. Pero el Consejo no tiene ni idea del verdadero alcance de mi poder ni de los adeptos a la Causa. Intuyen, sospechan y tratan de conseguir información, pero no tienen ni la más remota idea de lo que está sucediendo realmente. Y lo sé porque yo también tengo topos en el Consejo. No sólo en las altas esferas, sino también a pie de calle. Sé lo que piensan, cómo se mueven y que la cabeza del Sanguinario tiene precio. Sé muchas cosas, pero lo importante, los pasos que van a dar sólo puedo intuirlos. De momento puedo jugar a este juego con Rókr, pero no siempre estaremos jugando de este modo. Los dos lo sabemos. Como también sabemos que, de entre nosotros, sólo puede quedar uno.

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